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El adulto mayor en la familia II

 

Lo más importante, el perdón
 

Por: Ing. Gilberto Sánchez

En esta segunda parte vamos a hablarles a las personas de la tercera edad, muchos nos han hecho llamadas y nos han pedido que por favor tratemos un tema en donde se les pueda dar algunos consejos a los ancianos sobre qué hacer con sus vidas.

Este es un tema bastante triste y doloroso porque se supondría que, teniendo una familia, los últimos días de ese anciano servirían para dar consejos a sus hijos, a sus nietos o bisnietos, para convivir con ellos, para disfrutarlos y para experimentar el amor en familia. La familia sería entonces un espacio de descanso donde ellos podrían dedicarse a disfrutar el amor de sus seres queridos, pero ¡qué triste es que no exista ese ambiente! Y digo triste por causa de las familias que se han desentendido de sus padres y abuelos.

Quisiera hablarles de un punto muy importante: el perdón. ¿Por qué hablar del perdón? Cuando una persona es rechazada, abandonada y la familia ya no le visita, se le está dando un mensaje: no nos interesas, no nos importas. Siempre hay tiempo para visitar a las personas mayores, claro que lo hay, podemos tener muchas actividades, mucho trabajo y eso es lícito, pero siempre hay tiempo para poder visitar a los abuelos.

Entonces, cuando se le da al anciano ese mensaje dentro de él se pueden formar sentimientos de tristeza, dolor, indignación, molestia y eso lo puede llevar a una amargura. Es decir, a tener un resentimiento en contra de sus seres queridos porque no lo visitan, no lo procuran, no velan por él ni están al pendiente de sus necesidades.

Vamos a suponer que un anciano está sano, que lo le falta nada, que incluso tiene una pensión y una vida digna, aún así ¡qué triste es estar solo! ¡Qué triste es no poder platicar con los hijos, compartir tiempos o comer juntos! ¡Qué triste es no poder estar con los nietos! Esa es una situación que a muchos abuelos les duele y aflige; eso puede generar un rencor en ellos, una molestia y un disgusto hacia sus hijos, sus nueras, sus yernos, sus hijas, sus nietos o sus bisnietos.

El primer consejo que yo le daría es que usted perdone. De hecho, Dios mismo en su Escritura nos manda perdonar a los hombres, porque el perdón permite a la persona tener una vida libre.

Cuando una persona no perdona, lo que sucede en su interior es que sus sentimientos hacia las demás personas se van perdiendo, es decir, la amargura genera un endurecimiento del corazón hacia las demás personas de tal manera que la persona se empieza a cerrar en un caparazón, se encierra para ya no sufrir, se ensimisma en sus pensamientos, ya no entra en ningún vínculo con alguien porque ya no quiere ser herido.

Entonces él deja de amar y deja de sentir amor, ya no puede recibir el amor que otros le procuran; se llenan de malicia, de ira, de malos pensamientos y de malas intenciones hacia los demás. Por eso, lo primero que yo le recomendaría a una persona de la tercera edad que está pasando por situaciones muy tristes y que se siente abandonado y solo, es que aprenda a perdonar, que aprenda a pasar por alto las ofensas.

¡Ponga un alto al resentimiento!
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Reflexión
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