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¿Por qué a mí? Parte II - En busca de ayuda

Desenterrando los huesos

Por: Dr. Sergio H. Canavati Ayub

La primera forma de esperanza en tu vida es hablar el problema, abrir tu corazón el desenterrar el sarcófago lleno de huesos, para que ya no veas ese fantasma terrible, ese verdugo llamado sufrimiento. Ese dolor que de pronto te roba el sueño, te trae pesadillas o revive el trauma día y noche; de pronto te vienen recuerdos y memorias del pasado, involuntariamente, que te llenan de angustia, de dolor y tristeza.

A veces te despiertas en la noche con sobresalto, pierdes tu paz, te sientes agitado, adolorido, tienes terror de que amanezca porque sabes que el día va a comenzar y con él los problemas. Sabes que tu estado de ánimo no es el mejor, sino que está empeorando y ya cruzan por tu mente los pensamientos de quitarte la vida, de que la vida no vale la pena, ¿para qué sufrir? ¿Por qué yo tengo que sufrir?

Guardas odio contra ti mismo, te culpas cuando otros son felices y tú no, te preguntas eso muchas veces; a veces el dolor es insuperable y es una amenaza seria porque afecta todo tu ser, tu bienestar, tu salud física, emocional, espiritual y moral; te convierte en una persona violenta o depresiva, iracunda o reprimida, una persona que lleva una máscara que sonríe; pero muy en tu interior vives una amenaza constante porque no has podido borrar de tu vida aquel trauma.

Quizás tú decías: “yo voy a tener los hijos más educados, voy a tener el matrimonio más feliz y voy a ser la persona más dichosa”. Después de 20 años de matrimonio encuentras que tus hijos están en las drogas o en el alcohol, tu esposo es un hombre insensible que se olvidó de ti, que ya no te ama, que no se preocupa por ti y que no busca tu bien, sino lo suyo propio y te encuentras rodeada de personas insensibles, que no se interesan en ayudarte. Esa es la realidad.

¿Cómo logramos desenterrar la raíz y ser libres? Es necesario, primeramente, reconocer que necesitas ayuda, hablar tu problema, abrir tu corazón y expresar lo que hay en él. Esto le da salida a los sentimientos y empieza a entrar oxígeno a ese sarcófago de huesos muertos, a ese sepulcro de recuerdos y, ¡cuánto bien hace!

Tú puedes decir “¿con quién las puedo hablar? ¿A quién puedo confiar los problemas de mi propia vida? ¿A quién puedo confiarle lo más íntimo de mi ser, algo que ni mi esposo sabe de mí mismo?”

Es cierto, a veces no es fácil confiar, debido a las decepciones y engaños que nos llevamos en la vida por personas que abusan de nosotros y nos usan para enriquecerse o nos dan salidas rápidas a través de la religión, de la superstición, de charlatanerías o de verte como un cliente y no como un paciente. Entonces, ¿a quién puedo encomendar mis sentimientos?

Los sentimientos son sagrados, no los confíes a cualquiera. Nosotros, como latinoamericanos, tenemos una estructura anímica ‘hipersensitiva’; es decir, somos emotivos, emocionales, gente de afectos, tradiciones y lazos familiares. Cuando perdemos cualquiera de estas cosas no sabemos cómo controlar nuestros sentimientos.

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