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¿Por qué a mí? Parte II - En busca de ayuda

¡Mientras hay vida, hay esperanza!

Por: Dr. Sergio H. Canavati Ayub

¡Qué hermoso es cuando te levantas en la mañana y no te atormentan los pensamientos y el mal humor! ¡Qué hermoso es cuando, al salir de casa, te despides de tu esposo o de tus hijos con una sonrisa, un abrazo o un beso! ¡Qué hermoso cuando llegas a tu trabajo en paz, contento con lo que tienes, sea poco o sea mucho!
        
La vida es preciosa e invaluable, es un don que Dios nos ha dado. Es divina, no terrenal; fuimos creados a la imagen de Dios, somos criaturas del Creador y nadie mejor que él conoce lo más profundo de las necesidades de nuestra alma, pues él ve lo que los ojos de los hombres no ven.

¡Tu vida es preciosa ante sus ojos! ¡Tu vida es valiosa ante él! Cuánto no apreciará Dios tu vida si el precio que le puso fue lo más costoso, lo que más le dolió, lo más valioso y sublime: su propio hijo, Jesús, el cual murió en una cruz y resucitó al tercer día y vive hoy y sustenta todas las cosas con el poder de su palabra.

Aún si estás vivo es por él, por eso hay esperanza: ¡mientras hay vida, hay esperanza! ¡Si estás vivo es que hay esperanza! Si estás vivo hoy no digas: “¿por qué a mí?” Dale gracias a Dios porque, a pesar de que sufriste, tienes vida y esperanza.

Hay alguien que es sobrenaturalmente más poderoso que las situaciones que te rodean: Jesús, el hijo del Dios verdadero, el Salvador del mundo, el camino, la verdad y la vida. Aquél que tiene poder para restaurar tu alma, con quien, aunque andes en valle de sombra de muerte, no temerás mal alguno porque él estará contigo y te infundirá aliento.

Preparará alimento, fiesta y banquete continuo delante de ti, en presencia de las cosas que te angustian y afligen; hay pan en la mesa, pues las Sagradas Escrituras son el pan del alma, las promesas de Dios sustentan y dan esperanza, sus consejos no te llevan a cometer errores, sino que te guían rectamente. Hay una seguridad de que el bien y la misericordia te seguirán todos los días de tu vida.

¿Cuántos días te quedan por delante? No lo sé, ni tú lo sabes. Pero, cuando Jesús es verdaderamente aquél en quien has confiado y has obedecido su palabra, tienes la certeza de que el bien y la misericordia te seguirán ahí en el problema, en la necesidad o en la situación difícil.

Sabrás que Dios es real, que tú eres un ser humano y un alma preciosa, que tienes dignidad propia y que vales mucho, que no eres basura ni eres lo que piensas; sabrás que ese pensamiento distorsionado y desfigurado acerca de ti mismo, no es real; sabrás que puedes enfrentar ese problema, que puedes tener respuesta a tus dudas, que puedes hacer cosas que antes no te atrevías a hacer; sabrás que puedes ser un padre, una madre o un joven capaz, no en tus propias fuerzas, sino en el poder y en las fuerzas que Dios da.

Recuerda: ¡necesitas ayuda! No dejes que el peso de tu necesidad aplaste y destruya tu alma, tu futuro y tu vida. ¡Sigue adelante! No te detengas, pues hay personas alrededor de ti que están dispuestas a ayudarte y sobre todas las cosas, hay un Dios vivo y verdadero, en quien puedes confiar a cada momento de tu vida.

Tú decides, está en ti seguir viviendo dentro de ese sarcófago, de ese sepulcro de sentimientos de dolor y vergüenza. Pero, ¡si hay esperanza! Hay cosas lindas y buenas para ti; hay medicina y bálsamo para curarte, hay libertad para desarraigar el dolor y para sacar adelante los problemas de la vida, hay vigor, salud y esperanza en Dios, en Cristo Jesús. Sigue hacia delante y no te detengas.

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